A PUNTA DE MICRÓFONOS
Es tonto, muy tonto asumir que una revolución se puede llevar a cabo a punta de micrófonos desde una confortable y bien equipada oficina, rodeado de funcionarios preparados para exponer ante cámaras de televisión y micrófonos todo cuanto al gobernante le complazca y se le vaya ocurriendo divulgar acerca de "su revolucionaria" gestión, en la que se pinta un país bien distinto al que vive la población día tras día.
El gobernante autoengañado no deja siquiera que sus funcionarios, de él no del país, a su servicio y no de la nación, expongan sus ensueños sino que acostumbra interrumpirlos una y otra vez para insertar todo tipo de gafedades y de chistecitos fuera de lugar, que francamente desespera aún más a quienes hacen supremos esfuerzos sobrehumanos para soportarlo, y mostrándose completamente alejado del modo de ser de la población siempre sale con expresiones de alabanzas hacia su mujer a quien se refiere como una especie de Dulcinea del Toboso, configurando un mandato sino de un gafo bastante parecido, mientras en el país real se sufren penurias que se creían resueltas y los opositores hacen y deshacen a su antojo a pesar del "tengo las pruebas" que, por lo visto, son buenas para nada.
La verdad se corrompe con la mentira, la adulación y el silencio como la gafedad se multiplica a punta de micrófonos.