El loro
Gonzalo V Solano L
Cuando oigo a un venezolano arremetiendo contra el chavismo y apoyando a esos dirigentes del oposicionismo vende patria, fascistas y agentes del imperialismo yanki, hablando de la dictadura de Maduro y clamando por revocatorio, viene a mi memoria el cuento del loro que pide libertad.
Se trata de un loro muy contradictorio. Desde hacía varios años vivía enjaulado, y su propietario era un anciano al que el animal hacía compañía. Cierto día, el anciano invitó a un amigo a su casa a deleitar un sabroso café.
Los dos hombres pasaron a la sala donde, cerca de la ventana y en su jaula, estaba el loro. Se encontraban los dos hombres tomando el café, cuando el loro comenzó a gritar insistente y vehementemente:
-¡Libertad, libertad, libertad!
No cesaba de pedir libertad. Durante todo el tiempo en que estuvo el invitado en la casa, el animal no dejó de reclamar libertad. Hasta tal punto era desgarradora su solicitud, que el invitado se sintió muy apenado y ni siquiera pudo terminar de saborear su taza. Estaba saliendo por la puerta y el loro seguía gritando: “¡Libertad, libertad!”
Pasaron dos días. El invitado no podía dejar de pensar con compasión en el loro. Tanto le atribulaba el estado del animalillo que decidió que era necesario ponerlo en libertad. Tramó un plan. Sabía cuándo dejaba el anciano su casa para ir de paseo por la plaza del pueblo. Iba a aprovechar esa ausencia y a liberar al pobre loro.
Un día después, el invitado se situó cerca de la casa del anciano y, en cuanto lo vio salir, fue hacia su casa, abrió la puerta con una ganzúa y entró en la sala, donde el loro continuaba gritando: “¡Libertad, libertad!”
Al invitado se le partía el corazón. ¿Quién no hubiera sentido lástima por el animalito? Apurado, se acercó a la jaula y abrió la puertecilla de la misma.
Entonces el loro, aterrado, se lanzó al lado opuesto de la jaula y se aferró con su pico y uñas a los barrotes de la jaula, negándose a abandonarla. El loro seguía gritando: “¡Libertad, libertad!”
Como este loro algunos no saben lo que dicen ni valoran lo que tienen. Son los que van pál cielo y van llorando.
para que los pueblos lean la verdad
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