ELECTOR BENEVOLENTE
Prof. Gonzalo V. Solano L
Benevolente del latín benevŏlens, es toda persona que tiene benevolencia o buena voluntad hacia las demás personas. La benevolencia, a su vez, está asociada con la bondad y con la cualidad de bueno.
En concreto, este término latino se encuentra conformado por dos partículas claramente delimitadas y que son las que le dan significado: “bene”, que se traduce como “bueno”, y el verbo “volo”, que es equivalente a “querer”.
Por ejemplo: “El señor Miguel es un hombre benevolente que siempre colabora en causas solidarias”, “La verdad que el dueño de la casa es benevolente: nos perdonó dos meses de deuda”, “¿No puedes ser un poco más benevolente y asistir a esa pobre gente?”.
El adjetivo, por lo tanto, está vinculado con la inclinación a hacer el bien. Para la filosofía, el bien es el valor que se le otorga a una acción. Se trata de un concepto tautológico, con definición redundante: lo bueno es lo que está bien.
La persona benevolente tiende a hacer el bien. Esto quiere decir que realiza lo moralmente o éticamente correcto, mostrando empatía para con las demás personas. Al ser benevolente, la persona desarrolla tareas solidarias, ayuda a quienes lo necesitan y se muestra afectuosa.
Además toda persona benevolente se identifica por el hecho de que es capaz de ponerse en el lugar de otro para entender por qué es de una manera, por qué actúa de determinado modo o por qué tiene unas ideas y no otras.
De esta manera, al realizar dicha acción, el benevolente no intenta justificar al que tiene delante sino que simplemente intenta comprenderlo y ver qué haría él en su misma situación. Por consiguiente, la persona benevolente se identifica por ser alguien tolerante con el resto de las personas.
El hecho de contar con empatía, de tener un punto de mira abierto, de percibir la realidad que existe desde diversos prismas o el poseer capacidad de comunicación e interrelación son algunas de las características que hacen que la persona benevolente pueda ayudar notablemente a quienes tiene a su alrededor a la hora de avanzar y de lograr la felicidad.
Lo opuesto al bien, por otra parte, es el mal. Ambos términos se definen a partir de su opuesto. Si está bien ayudar a cruzar la calle a una persona de la tercera edad, es porque está mal dejarla desprotegida y sin asistencia, lo que le situaría en riesgo de sufrir un accidente.
Cabe destacar que benevolente también es aquello que no es todo lo malo, negativo o poco difícil de lo que pudiera ser: “El padre del acusado pidió al juez que sea benevolente y que tenga en cuenta la juventud de su hijo”, “El tornado dejó un saldo benevolente, con apenas unos pocos daños en las casas de la costa”.
A pocas horas de realizarse el proceso electoral para la escogencia de alcaldes, alcaldesas y gobernador del Estado Zulia, es oportuno indicar que la inmensa mayoría del pueblo venezolana acude siempre a los centros de votación con esa actitud benevolente, pero de pronto uno que otro elector va con otra actitud para nada benevolente y en las colas de electores, antes, durante y después de votar se dedica a criticar al personal del Plan República, al del CNE y a cualesquiera que a bien tenga, y es que tales personas son incapaces de adoptar un comportamiento más racional y se dejan dominar por su odio visceral hacia todo cuanto signifique bienestar para los demás, son los típicos intolerantes de oficio que inducidos por la canalla mediática han llegado al extremo de aplaudir y celebrar la quema de personas vivas, la muerte de sus adversarios, apoyar la invasión militar y el bombardeo de la tierra donde mal nacieron y extraviados de la realidad circundante, no ven nunca más allá de la punta de su nariz, y con tales debilidades, con tales canalladas aspiran ocupar ellos o sus conocidos, de cualquier modo alguna posición de poder, no para el bien común sino para satisfacer sus fines personales casi siempre crematísticos.
Conservemos nuestra actitud benevolente durante el proceso electoral y dejemos que los muertos entierren a sus muertos.

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