lunes, 16 de abril de 2018

El mismo grupo


La feroz agresión económica, mediática, psicológica, ideológica nacional e internacional dirigida abiertamente por EE.UU y sus gobernantes títeres latinoamérica y de Europa, constituye una arremetida de la oligarquía.
La oligarquía pretende instaurar a la fuerza una forma de gobierno en la cual el poder sea ejercido por un grupo reducido de personas pertenecientes a la  clase social de mayores ingresos y de bienes. Esto es, el conjunto de empresarios y sujetos acaudalados que actuan en Fedecámaras de mabera conjunta para la defensa de sus intereses empresariales y, sobre todo, de las grandes multinacionales de capital estadounidense, especialmente.
La dirección del Estado bajo el sistema oligárquico que se busca imponer a punta de bombas estadounidenses, no volveria a estar en manos de las mentes más brillantes, sino de la dudosa calidad de la dirigencia oposicionista, caracterizada no precisamente por su identificación con los supremos intereses de la nación venezolana, sino de las corporaciones estadounidenses.

En un régimen oligárquico destacan los millonarios, los latifundistas y los dueños de propiedades. La oligarquía, en este sentido, es una especie de estatus social que tiene implicaciones políticas a través de la presión económica para conseguir mayores beneficios y ventajas, pero también  culturales como cierta vestimenta, gustos compartidos, consumismo de productos de factura estadounidense y otras del mismo estilo.


La oligarquía no concibe la movilidad social. Los nuevos ricos no logran entrar en los círculos oligarcas, que defienden un linaje similar al de la nobleza. Cuando un oligarca sufre problemas económicos, por otra parte, intenta sostener de cualquier forma su estilo de vida o, al menos, aparentar que lo sostiene.

El estereotipo del oligarca es el de un sujeto sin ética ni moral, dispuesto a incurrir en la corrupción y la violencia para sostener su poder, el cual considera como un derecho adquirido. Los partidos políticos de izquierda suelen tener a la oligarquía como principal enemigo.

A grandes rasgos, es correcto decir que la oligarquía es un concepto opuesto a la democracia, dado que se trata de concentrar el poder en un grupo reducido de gente, en lugar de dar a todos la posibilidad de opinar y decidir. En países que han sufrido períodos de fuerte represión, el término oligarca se suele utilizar como un insulto de una fuerza particular, cargado de la frustración y el resentimiento propios de un pueblo al cual se lo despojó de sus libertades.

La oligarquía corporativa es una forma de poder, que puede ser de tipo operacional o gubernamental, en el cual un pequeño grupo de personas, a veces de instituciones educativas o entidades económicas influyentes tales como bancos, actúan de acuerdo a los principios de la oligarquía, a menudo pasando por encima de las decisiones oficiales de un país. Un claro ejemplo de la actualidad son ciertas empresas multinacionales, que influyen en los movimientos de gobernantes elegidos democráticamente.

La historia de los gobiernos de naturaleza oligárquica data de las primeras organizaciones sociales del ser humano como especie. A lo largo de los siglos, se han repetido ciertos patrones asociados al el nacimiento de un sistema de este tipo, tales como las relaciones comerciales entre varias naciones y el progreso económico de un sector muy delimitado de la población.

Escritos de temas políticos que legaron los antiguos griegos, como es parte de la obra de Platón, hablan de estos sistemas de gobierno oligarcas, siendo uno de los ejemplos más citados el de los Treinta Tiranos, que rigieron al pueblo ateniense. En el caso de Atenas, se derrocó la oligarquía para recuperar la estructura democrática de la cual habían disfrutado hasta entonces.

Resulta interesante señalar que la oligarquía se puede apreciar en distintos momentos de la historia, pero también en civilizaciones muy diversas, que van desde los antiguos europeos hasta ciertas tribus de África, donde se designa el poder en un consejo de hombres de avanzada edad que, teóricamente, gozan de la sabiduría suficiente como para tomar las decisiones más importantes, aquéllas que guiarán a su gente por el camino del progreso.

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