domingo, 1 de abril de 2018

Resurrección y paz


RESURRECCIÓN Y PAZ
@prof_solano

Mateo 28: Pasado el sábado, cuando al anochecer comenzaba el primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. 2 De pronto hubo un fuerte temblor de tierra, porque un ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose al sepulcro, quitó la piedra que lo tapaba y se sentó sobre ella. 3 El ángel brillaba como un relámpago, y su ropa era blanca como la nieve. 4 Al verlo, los soldados temblaron de miedo y quedaron como muertos. 5 El ángel dijo a las mujeres:
—No tengan miedo. Yo sé que están buscando a Jesús, el que fue crucificado.6 No está aquí, sino que ha resucitado, como dijo. Vengan a ver el lugar donde lo pusieron.7 Vayan pronto y digan a los discípulos: “Ha resucitado, y va a Galilea para reunirlos de nuevo; allí lo verán.” Esto es lo que yo tenía que decirles.
Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”.  Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.  Jesús les dijo de nuevo: “¡La paz esté con ustedes!”. (Juan 20, 19-21)

La paz es el gran legado de Jesús resucitado a sus discípulos y a quienes nos decimos cristianos. En este fundamento rechazo el lenguaje de odio y las prácticas de curas que disfrazados de cristianos bendicen acciones violentas pues, a no dudarlo, abusan de su posición para promover la violencia que esté acorde con sus intereses político partidista; claramente se muestran anticristianos y con gusto les hubiere gustado que el mensaje de la resurrección no existiera, pero existe y quienes leemos la Biblia sin estos curas de intermediarios, podemos constatar la perversidad bajo una sotana.
El legado de la paz no todos saben recibirlo e interiorizarlo. Un legado que esos curas politiqueros para nada cuidan, y juegan a perderlo, tratan de confundir en las vueltas del camino, buscan que se olvide hacia dónde nos dirigimos, a quién buscamos, cuál es nuestro propósito en la vida. 
Jesús resucitado nos da la paz con generosidad, porque está convencido de que somos capaces de recibirla, de conservarla y de hacerla fructificar, comunicándola y compartiéndola con el mundo en que vivimos, y con  las personas que convivimos.
La paz de Jesús no es tan solo ausencia de guerra. La paz de Jesús no es sólo callar las armas, quemar vivas personas, impedir que las balas arrebaten la vida. Estos necesariamente serian la  resultante.
La paz de Jesús es la paz del corazón. La paz de Jesús es la armonía de los hombres consigo mismos, que es la paz original; la primera, la que está en la base, la fundamental. La paz de Jesús es el reinado del bien y la verdad, de la justicia y la libertad, del perdón y la reconciliación, en el corazón del ser humano.¿Pero cura con odio qué paz puede promover?

De esta paz primera y básica, brota la otra paz; la paz social, la paz de unos seres humanos con otros, y con el cosmos; la paz de los pactos y las alianzas, el silencio de los fusiles, el ejercicio sano y justo del poder, la posibilidad de actuar con libertad en el ejercicio pleno de los derechos.
Esos mismos curas oran mucho por la paz de nuestro país y del mundo, pero ni de cerca por la paz de los corazones, donde se gestan las acciones pacíficas y las acciones violentas; donde nacen la justicia, el respeto  y el amor, y también la injusticia, el odio, el rencor, la deshonestidad.    
Los chavistas más que estar orando de templo en templo, de misa en misa, de hostia tras hostia, luchamos a diario en favor de la paz, somos cristianos.

Abrimos nuestro corazón a Jesús Resucitado, y procuramos consustanciarnos con su legado de  paz, de su amor, de su bondad. Caminamos con Jesús. Atendemos su voz. Tratamos de  fortalecernos a  lo interno con su Palabra de Vida. Acojemos su Espíritu que nos guía hacia la verdad plena. Poco a poco nos vamos haciendo instrumentos de su paz, constructores de paz, en medio de nuestra familia, en el entorno social en el que nos desenvolvemos, en el mundo en que vivimos. No necesitamos de un pulpito ni de sotana para ello, no necesitamos divulgarlo sencillamente practicamos la paz. 


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